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Dado que cada vez los pisos y casas son cada vez más pequeños es una realidad que son muy pocos los que cuentan con grandes jardines o patio para poder cultivar sus flores y plantas favoritas. Pero eso no quiere decir que debas quedarte de brazos cruzados.

Una maceta entra en cualquier casa, en cualquier rincón, y en cualquier rinconcito. Y lo cierto es que eso es espacio suficiente para plantar algunas de las flores de tus sueños. En el día de hoy te contamos como cultivar la manzanilla, una de las plantas herbáceas más utilizadas en el mundo por sus tantos usos y propiedades medicinales entre las que destacan antiespasmódicas, digestivas y sedantes.

Vas a precisar:


Maceta
Vermiculita
Tierra negra
Arena de río

Paso a paso:

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Puedes comenzar el cultivo a partir de semillas sembrándolas en pleno verano. Espolvorea 3 o 4 semillas sobre la tierra de una maceta y cúbrelas con una delgada capa de vermiculita.


Luego de 10 o 15 días las semillas habrán germinado, elige el brote más vigoroso y quita los otros más débiles. Si cuentas con un plantín transplántalo a una maceta de por lo menos 40cm de diámetro.

Utiliza un suelo suelto que asegure un buen drenaje. Puedes preparar una mezcla de dos partes de tierra negra con una parte de arena de río.

Ubica la maceta en el jardín o en interiores. Elige un sitio donde reciba abundante luz solar pero no es conveniente que el sol pegue directamente sobre la planta por que simplemente hará que se marchite con mayor facilidad estropeando todo el trabajo que has hecho hasta el momento.

Como en toda planta de maceta, es muy importante el riego. Y es que al no estar directamente en contacto con los nutrientes y humedad de un suelo natural no te puedes olvidar jamás de regarla si quieres que tu manzanilla crezca fuerte y sana. Aplica riegos diarios para mantener un buen nivel de humedad en el sustrato.

Cuando el 70% de las flores se hayan abierto es el momento oportuno para realizar la cosecha. Recolecta las flores que estén totalmente abiertas cuidando de no cortar hojas y tallos. Pon a secar las flores sobre un papel secante en un sitio fresco y sombrío donde haya corrientes de aire.

Terminada la cosecha de las flores realiza una poda rejuvenecedora a la mata. Corta las puntas de los tallos que llevaban las flores para que vuelvan a crecer fuertes y saludables para una nueva cosecha.