Los árboles ornamentales son aquellos que logran modificar, con sus características estéticas particulares, el ambiente donde se hallan.

Diferenciados de otras especies comunes por el color de sus hojas, las formas de sus copas, su tamaño y sus troncos, entre otros aspectos, irrumpen en los paisajes con verdadero protagonismo. Además de proporcionar sombra y formar parte del escenario geográfico de plazas, parques, bosques o campos, su singular fisonomía ornamental, como la misma palabra lo indica, actúa de un modo decorativo.

Por esta razón se convierte en un elemento importantísimo dentro del ámbito de la jardinería. Son sumamente requeridos también para adornar las calles y aportar cambios estructurales, en función de la naturaleza, a los grandes centros urbanos.

Las principales diferencias con otras especies residen en las formas de sus copas, ya que el árbol ornamental presenta figuras ovoideas, en algunos casos similares a la de una sombrilla y también con figuras de conos o pirámides.

En cuanto a sus colores, los de hojas perennes logran dar al los espacios un color verde durante todo el año, en tanto los de hojas caducas brindan bellísimas variaciones tonales, a partir de la época otoñal, que van desde los ocres, castaños, hasta los amarillos intensos. Cuando se está en presencia de árbol ornamental que produce flores o frutos, el esteticismo es aún mayor.

Algunas de las más conocidas especies de árboles ornamentales son los abedules, los cipreses, nogales, pinos y abetos azules, entre muchas otras.